¿Cuál es la temperatura ideal para dormir?

temperatura ideal para dormir

Seguro que en más de una ocasión no has sido capaz de conciliar el sueño o te ha costado más de lo que debería sin saber el motivo y has sufrido, a lo largo del día, cómo no descansar correctamente afectaba a tu rendimiento diario.

En muchas ocasiones, la respuesta a ese insomnio o despertar intermitente se encuentra en la temperatura: tenemos demasiado frío o demasiado calor, nuestro cuerpo es incapaz de relajarse y eso nos impide dormir o descansar.

Ante esta situación, muchos se preguntan cuál es la mejor temperatura para dormir.

El hipotálamo, el órgano encargado de regular nuestra temperatura

Para conservar un sistema inmune estable y gozar de buena salud, nuestro cuerpo es capaz de cambiar su temperatura, adaptándose al ambiente en el que nos encontremos. Esto ocurre gracias a la termopercepción, una especie de sexto sentido capaz de detectar si algo es frío o caliente que salta ante temperaturas extremas, especialmente cuando la temperatura ambiente se aleja de los 14 y los 26 grados centígrados. El hipotálamo es el órgano encargado de regular la temperatura.

El funcionamiento de nuestro cuerpo al dormir

Cuando dormimos, el cerebro es el encargado de reponer nuestro cuerpo para tener energía la siguiente jornada; para ello, necesita tener todos los recursos posibles a su disposición. Esto hace que, a medida que la noche avanza, nuestro cuerpo se enfríe para ajustarse a la temperatura ambiente, especialmente cuando entramos en la fase NREM.

Si interrumpimos este procedimiento, por motivos como son sentir calor o frío, la recuperación no se produce y nos notamos cansados y aletargados durante el día.

¿Cuál es la temperatura ideal para dormir?

Sobre la pregunta “¿Cuál es la temperatura ideal para dormir?”, no hay una respuesta clara. Por ejemplo, para algunos, la temperatura que nos empuje al sueño debe ser la misma que cuando desarrollamos otras tareas que no implican una actividad física como por ejemplo ver la televisión o estar en la oficina (entre los 21 y los 24 grados), ya que, ante la inactividad, el calor se libera y nuestra temperatura disminuye.

La verdad es que no existe una temperatura ideal para dormir, ya que cada persona es un mundo y tiene su propio termostato, pero en ningún caso se aproxima a los 34 o 36 grados que tiene nuestro cuerpo cuando estamos activos. No obstante, la comunidad científica ha delimitado unos parámetros aproximativos (aunque pueden variar entre personas):

  • Adultos: entre 15 y 22 grados.
  • Mayores: algo mayor, entre los 19 y 21.
  • Bebés y niños: 18 a 21 grados.

Factores que favorecen el sueño

Además de los factores internos como la regularización de la temperatura corporal, nuestro sueño se ve favorecido de otros elementos externos:

  • Aire acondicionado o calefacción. Estos aparatos permiten controlar y regular la temperatura en verano y en invierno, aclimatando el cuerpo.
  • Ausencia de luz. La presencia de luz incrementa la temperatura ambiental, por eso se suele desaconsejar.
  • Ventilación. Abrir las ventanas y airear cada mañana caldea la habitación y renueva el aire.
  • Los expertos señalan que lo ideal es que la habitación tenga unos niveles entre el 40% y el 60% de humedad.

Consejos para mejorar la relación con el frío y el calor

Además de las condiciones ambientales que contribuyen en el sueño, nosotros también podemos adoptar ciertos hábitos que mejoran nuestra relación con el frío y el calor:

  • Ambiente estable siempre

Se recomienda que la temperatura del dormitorio sea estable todo el año, entre los 18º y los 22º, no muy por debajo de cuando estamos despiertos, ya que podría hacer que nos despertemos. Para los bebés, se recomienda un ambiente más cálido: uno o dos grados por encima serían suficientes.

Para que la temperatura sea estable no es necesario abusar del aire acondicionado o la calefacción, sino que se puede conseguir teniendo, sobre todo, una buena higiene del sueño y alguna ayuda externa: en verano, cerrar las ventanas y tener las persianas bajadas durante el día y abrirlas de noche, y proceder al revés en invierno.

  • Escoger un buen pijama

La ropa que escogemos para dormir juega un papel muy importante en el descanso, ya que está pegada a nuestro cuerpo. Hay que apostar por prendas cómodas y transpirables, como la lana, el algodón o el lino.

  • La ropa de cama

La ropa de cama (sábanas, colchas, edredones…) deben asegurar ventilación y transpiración, por eso se recomienda que sean de fibras naturales como algodón, lino o seda. Con que esta composición sea más del 50%, es suficiente.

  • La almohada

La almohada es clave para regular la temperatura de nuestra cabeza, que siempre libera mucho calor. Por eso se aconseja que ofrezca aireación, ventilación y sea transpirable para ayudar a reducir la temperatura en los días de calor y retenerla en los días de frío.

  • El colchón te puede ayudar en la termoregulación

Ya se sabe que invertir en un buen colchón es invertir en salud y descanso, especialmente si se trata de un colchón fresco y transpirable que nos garantice noches de tranquilidad y reposo.

Los colchones de ahora no son como los de antes: los más modernos disponen de una tecnología capaz de captar y liberar el calor en función de las necesidades de tu cuerpo.

También es importante que el colchón sea transpirable para evitar que el calor se concentre y nos dificulte conciliar el sueño.

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